Cuando para reflejar la música con nuestro baile nos centramos en las estructuras más pequeñas de la canción (notas y escalas concretas, instrumentos, variaciones rítmicas, etc.) hablamos de micromusicalidad. Normalmente un bailarín se basa primero en la macromusicalidad, que determina la arquitectura general de la canción, el tipo de fraseo y otros momentos de acumulación y liberación de la energía musical.
Y después piensa en micromuscalidad para tratar de representar algunos detalles más exactos, como notas o ritmos concretos de la canción. Esta representación micromusical puede hacerse tanto replicando las notas o ritmos escuchados como complementándolos (por ejemplo, rellenando un break).
Para un bailarín resulta más sencillo bailar de acuerdo a la macromusicalidad que considerando la micromusicalidad, aunque normalmente se combinan los dos tipos de musicalidad.
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