10 excusas para no aprender Lindy Hop

Estas son las 10 excusas más comunes para no aprender Lindy Hop, que hemos ido recogiendo a lo largo de los años.

Vaya por delante, que en este artículo consideramos que una excusa no es un motivo. Un motivo supone una causa razonable por la cual sería imposible o muy difícil llevar a cabo esa actividad. Por ejemplo, una lesión grave o un problema físico, o simplemente que la persona ha probado durante un tiempo y ha decidido de manera informada.

Una excusa, sin embargo, es un pretexto mediante el cual se pretende evitar explicar la causa real, a sabiendas de que sería fácilmente rebatible o a que expondría los verdaderos miedos de esa persona. La excusa es también habitual en quienes ni siquiera han probado una clase.

Algunas excusas nacen de la inseguridad o de los complejos. Otras, de la educación o los prejuicios culturales. Y la mayoría, simplemente de la desinformación.

1. No quiero… y punto

Esta excusa es complicada por su indefinición. Normalmente la persona se siente violentada o presionada y responde tajantemente. Suele ocultar otro tipo de problemas de los que la persona no está dispuesta a hablar, por lo que debemos ser comprensivos.

Los miedos y complejos que albergamos en nuestro interior, solo podemos resolverlos nosotros mismos. Tal vez esa persona se sienta preparada para probar el baile cuando supere esa etapa de su vida. No debemos juzgar a nadie, recordando que cada uno tenemos nuestra propia historia y procesos de maduración psicológica.

Detrás de cada excusa se oculta un miedo.

2. Soy arrítmico/a

Un clásico de oro. Por algún motivo, hay personas que piensan que para tomar clases hay que contar un con sentido previo del ritmo. Pero no es así. Tomar clases de baile en una academia no es diferente de tomar clases de inglés o de otro idioma.

¿Esperan en la academia de inglés que ya sepamos hablar este idioma? No. Del mismo modo, en las clases para principiantes no se da nada por sentado, y un buen profesor explicará todos los conceptos desde cero: cómo escuchar el ritmo, cómo seguirlo… todo forma parte del proceso.

Y aunque concedemos que, algunos estudios científicos apuntan a ciertas deficiencias cognitivas que impiden a algunas personas mantener un ritmo musical correcto, todavía no hemos visto a nadie que, con tiempo y aplicación, no consiga bailar.

La verdad solo es una excusa para la falta de imaginación.

3. Tengo dos pies izquierdos

El clásico de platino. Junto al “soy arrítmico” es una de las excusas más usadas, y podemos verla como una variante de esta. Si aprender a bailar requiriese alguna habilidad previa, no harían falta clases para adquirir dicha habilidad.

Son las clases regulares las que nos enseñan a coordinar y, mediante la repetición sistemática, a entrenar el sistema nervioso y la memoria muscular para que los movimientos sean cada vez más fáciles de ejecutar.

Si es tu primer día en una academia de pintura, nadie espera que pintes las Meninas. Todo arte que vale la pena tiene su proceso, y el baile es una forma de arte con sus propios sistemas de aprendizaje. Comienza ahora, y en unos meses ¡verás la diferencia!

Las excusas son las herramientas para construir la nada.

4. Yo quiero, pero mi pareja no…

El que no quiere suele ser el hombre. Mucha corrección política, muchas patadas a los morfemas de género, pero a la hora de la verdad, el hombre no quiere desarrollar la parte sensible de su alma.

A veces se trata de hombres con menos tolerancia al fracaso, o con un orgullo voluble. Otras veces, simplemente no saben en qué consiste una lección de baile impartida por un profesor competente. El prejuicio proyecta ideas distorsionadas que les impide siquiera intentarlo. Por ello, muchas mujeres acuden sin sus parejas, o bien terminan acudiendo a clases solas.

A estos hombres les decimos que, si aprendéis a bailar, no solamente haréis felices a vuestras parejas y al resto de personas que bailen con vosotros, sino que conoceréis una fuente de alegría y gozo casi inextinguibles.

Es importante que vuestra creatividad y vuestras emociones, a veces culturalmente reprimidas, encuentren una vía de expresión. Seréis personas más completas y felices.

Cuanto más seamos, más tendremos con el otro.

5. Me gustaría, pero… no tengo tiempo

¡Otro clásico que suele repetir esa persona que pasa cuatro horas tomando cañas y pinchos! Cada uno pasa el ocio como mejor le parece, y si prefieres estar en el bar o en el sofá viendo la televisión, no es nuestro asunto.

Pero tiempo sí hay. Lo que pasa es que prefieres hacer otras cosas, o bien tienes pereza por todo lo que entrañe algún esfuerzo activo fuera del trabajo. Invirtamos el planteamiento ¿quieres hacer algo bello y significativo con tu tiempo? ¿Quieres comer pinchos sin preocuparte de la dieta? ¡Reserva un par de horas semanales para bailar!

Puedes tener excusas o puedes tener prioridades.

6. No quiero gastar en eso

Una excusa que a veces denota cierta mezquindad, es suponer que la cuota que se abona a los profesores de baile por su trabajo es demasiado elevada. Que bailar es una actividad informal que debería resultar muy económica. Y encima los profesores tienen la osadía de querer pagar sus impuestos y el alquiler de la sala ¡Qué cara más dura! ¿No?

Si no lo sabes, déjanos explicarte que en España los profesores legales de swing estamos gravados con distintos impuestos y cuotas profesionales. Además, los que amamos esta profesión invertimos los ahorros en viajes para importar nuevos conocimientos y aprender de la élite, ensayamos y estudiamos a diario, a veces divulgamos con vídeos y artículos, y organizamos eventos de manera regular. También gastamos en ropa y zapatos especiales, desplazamientos y publicidad.

¿Te sigue pareciendo caro? La parte visible de nuestro trabajo sólo es la punta del iceberg.

No hacer nada es barato, pero termina saliendo caro.

7. Me gusta, pero no tengo dinero

Si la anterior nacía de la mezquindad o de la desinformación, esta puede ser una causa real. Hay gente que sencillamente no puede abordar el coste regular de las clases, por motivos como la falta de ingresos suficientes, estar a cargo de otras personas, etc.

No obstante, al menos nosotros creemos que hay otras formas de gratificarnos por nuestros servicios (y no hablamos de pago en especie). Puede que tengas algunas habilidades que puedas poner al servicio de la academia, hacernos publicidad u ofrecernos alguna otra cosa a cambio. No creas que por no disponer de dinero se han cerrado todas las puertas ¡Esperamos tus propuestas! (Más o menos indecentes)

Si no te importa encontrarás una excusa; si te importa encontrás un modo.

8. El swing parece cansado ¡mejor hago salsa!

Lo curioso es que esto suele decirlo gente a la que no le vendría mal un poco de deporte. Piensan que el Lindy Hop “se baila dando saltos” o que no puede ser suave y elegante. Es cierto que los bailes del linaje Swing, y en concreto el Lindy Hop, poseen una dinámica enérgica y se bailan con postura deportiva. Pero esto no es malo ¡al contrario! ¿Si puedes divertirte y además ponerte en forma, dónde está el problema?

Seguramente has visto en vivo fiestas de baile latino, pero de swing solamente vídeos de internet. Si buscas en internet competiciones de salsa, verás que se lanza a la chica por los aires, se realizan toda suerte de soportes y movimientos explosivos, y no hablemos del vestuario. Del mismo modo ¡el baile social swing no es como el de las competiciones!

El Lindy Hop puede bailarse de manera suave y contenida. La forma de bailarlo dependerá de la música y de tu pareja, no existe un único registro. Lo que a veces la gente llama “saltar” no es la mecánica de un salto, sino un balanceo suave contra el suelo que mantiene nuestro ritmo, y que puede ser casi imperceptible si así lo decidimos.

Y si asistes a clases de smooth lindy, balboa o blues… probablemente tus prejuicios se harán añicos. Escoge la salsa o los bailes de salón porque te guste la música que se utiliza con esos bailes ¡pero nunca por miedo a ponerte en forma!

Las excusas no queman calorías.

9. Ya soy mayor para bailar así…

Esta excusa es una variante de la anterior, pero la usan las personas que piensan que existe una edad determinada para bailar swing. Y al igual que en el caso anterior, precisamente porque eres mayor, la actividad física y mental que supone aprender un baile solamente puede hacerte bien.

No existe una edad determinada para bailar, tocar un instrumento, pintar o viajar.

El baile es una de las actividades que coordina más íntimamente las habilidades físicas, las emociones y la memoria, y distintos estudios han demostrado su eficacia retrasando el envejecimiento y la aparición de enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

Cuando bailas swing, no solamente estás usando tu cuerpo, estás activando procesos en los que la música y el movimiento se entrelazan, las emociones afloran y resuelves complejas operaciones matemáticas sin darte cuenta.

Nuestro patrón, Frankie Manning, bailó prácticamente hasta el día de su muerte, con 92 años. De joven, quiero ser como él.

La edad no es excusa. Hazlo de acuerdo a tu edad.

10. ¡Avísame cuando salga un nuevo grupo!

Esta excusa la repite esa persona que siempre rellena las preinscripciones, siempre tiene muchas ganas de empezar. Pero cuando llega el momento, desaparece. Seguramente debas poner algo de orden en tu cabeza antes de apuntarte a los cursos. Los organizadores solemos tomarnos en serio a las personas que parecen tan entusiasmadas, y tomamos su palabra contando para ellas para el curso. Si no tienes intención real de venir ¡no te apuntes! Puede que le estés quitando la plaza a otra persona.

Cuando me quedé sin excusas, encontré los resultados.

¿Crees que nos hemos dejado algo? ¿Has escuchado otras excusas? Si ya bailas ¿qué excusas usabas tú? ¡Déjanos tus comentarios!

Escrito por EstiloSwing.

4/5 (1 Review)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *