Cómo mejorar la musicalidad en el Lindy Hop

La musicalidad en el Lindy Hop u otros bailes swing, consiste en reflejar corporalmente nuestra interpretación de la música. El bailarín actúa como un instrumento más, uno que interpreta visualmente la música. En esencia, bailar es mostrar tu musicalidad de manera física. Es una forma no verbal de decir a la gente “esto es lo que escucho en esta canción.”

La musicalidad engloba una gran cantidad de técnicas y conceptos distintos, y en realidad incluye todo lo que como bailarines podemos hacer.

En este artículo te dejamos algunos ideas que puedes explorar para mejorar tu musicalidad.

Coreografía o improvisación

Lo primero es discernir si queremos trabajar la musicalidad en una coreografía o en una improvisación (por ejemplo, baile social). En una coreografía puedes añadir más detalles, ya que todo está diseñado con antelación. En un baile social debes recurrir a la memoria corporal de los ritmos y pasos aprendidos.

  • La coreografía es una forma planificada, pensada previamente, de mostrar tu musicalidad. Es como escribir un trabajo en casa. Inviertes el tiempo necesario para prepararla y comprender en profundidad el material, investigar (escuchando la música repetidamente y explorando movimientos), y procesar la información acumulada para crear una pieza coherente. En una coreografía se puede ser más exacto a la hora de reflejar la música, o bien añadir elementos técnicos complicados que no tienen cabida en un baile social en pareja.
  • Por otro lado, improvisar es una especie de examen. Has realizado tus deberes y entrenado muchos problemas prácticos (familiarizarte con canciones y ritmos, ensayar pasos y técnicas), y entonces tratas de aplicar lo aprendido improvisando sobre la marcha con distintas canciones. Normalmente, si no conoces previamente la canción sobre la que improvisas, te basarás en principios macromusicales y en las estructuras de llamada y respuesta para anticipar tus movimientos.
  • Pero también existe un tercer contexto, la combinación de coreografía e improvisación. Esto puede suceder cuando conoces muy bien la canción y sus melodías, al punto de que anticipas todos los compases musicales y sabes cuando usar cada uno de los recursos que tienes. Esto podría permitirte mezclar pasos puramente improvisados con otros de carácter coreográfico y esteticista, sobre todo si tu pareja también está familiarizada con ellos.

Ahora, veamos algunas pautas para que entrenes tu musicalidad en el Lindy Hop y mejores tanto tu capacidad coreográfica, como tu improvisación.

Macromusicalidad: Comprender la estructura de la canción

Si se trata de una coreografía, escucha varias veces la canción, identifica su estructura y divídela en coros y frases. Marca sobre el papel los ochos más importantes, los que cierran frases o los que tienen más acentos. Identifica claramente el puente de la canción o los momentos donde la melodía principal cambia, ya que podrás reflejar este cambio bailando de otra manera. Si no tienes claros estos conceptos básicos, revisa este artículo.

Una vez tengas este «mapa» de la canción podrás crear la narrativa general. Cómo comenzar, cómo desarrollar la historia, cuál será el desenlace. Añade las figuras o pasos que quieres incorporar, procurando que las figuras o pasos más extraordinarios ocupen lugares de máxima liberación de la tensión musical (en la música swing en general, el cierre de cada frase). Aunque también es posible utilizar el último ocho para disipar la energía con un break o movimiento más contenido. Acompaña cada frase, cada ocho, con movimientos que expresen el nivel de energía o el carácter de la melodía en esos momentos.

Ten presentes los sentimientos o imágenes que produce la canción; si tiene letra, asegúrate de comprenderla bien, e incluso conocer la historia de su autor cuando la escribió.

Por último, podrás comenzar a realizar ajustes calculando los tiempos concretos que requiere cada movimiento. En una frase típica de 8 compases (32 tiempos, cuatro ochos) podrías realizar por ejemplo:

  • Cuatro figuras de 8 tiempos (32 tiempos)
  • Cuatro figuras de 6 tiempos y una de 8 (32 tiempos)
  • Una figura de 10, una de 6 y dos de 8 (32 tiempos)

A medida que comprendas la canción, sabrás juntar las piezas y ver cómo se relacionan entre sí. Esto te permitirá seleccionar lo que deseas expresar con tu baile.

Incluso si se trata de una improvisación, el ejercicio de analizar e identificar distintas estructuras musicales te permitirá reconocerlas sobre la marcha. Podrás así predecir breaks, cierres de frase, acentos, y otros momentos musicales importantes que se pueden improvisar.

Micromusicalidad: Comprender el sonido de cada instrumento

Una vez comprendida la estructura y fraseo general de la canción, es hora de fijarse en los detalles. Identificar sonidos y escalas concretas. De nuevo, esto será más fácil si estás trabajando en una coreografía, pero algunos principios micromusicales pueden ser aplicados también al baile de improvisación (especialmente si conoces la canción).

Si tienes educación musical esto te resultará más fácil, pues reconocerás el lenguaje musical que indica cómo tocar exactamente las notas. Pero cuando se trata de desarrollar la musicalidad, estarás haciendo lo contrario. Estarás extrayendo las cualidades sonoras de la pieza que se toca.

Un claro ejemplo es cuando escuchas la letra de la canción. Algunas sílabas serán rápidas y cortas, y otras serán lentas y parsimoniosas. A veces el tono será alto o bajo, o alternará entre ambos. Como bailarín, quieres que tu movimiento imite los sonidos.

Las sílabas cortas y rápidas pueden traducirse como movimientos rápidos y precisos. Los tonos más graves pueden reflejarse adoptando una postura más baja.

Además, el principio swing de llamada y respuesta te permitirá saber cuando un pasaje musical se repite. Así podrás diseñar o improvisar una variación rítmica que refleje lo que escuchas. Pero no todo acaba ahí, a veces puedes optar no por reflejar lo que escuchas, sino por completarlo a la manera de un instrumento musical adicional. Por ejemplo rellenando algunos silencios o breaks con palmadas o pasos de claqué.

Al igual que un pianista pasa largos años realizando escalas y ejercicios, un bailarín pasa años interiorizando ritmos y recursos que poder realizar espontáneamente cuando es preciso. La micromusicalidad (reflejar notas o sonidos concretos) es más complicada que la macromusicalidad, pero no por ello mejor. Y de hecho, conviene usar sabiamente la micromusicalidad en los momentos donde más conviene. Es como la sal de una comida.

Llenar una coreografía o baile de momentos micromusicales es un interesante ejercicio, y puede ser divertido, pero equivale a llenar una conversación de adjetivos. Hay que tener presente el ritmo y el flujo del discurso, los verbos y los sustantivos, usando estos «adjetivos» solo donde puedan hacer bien.

Cuanto más escuches la música, mejor comprenderás su discurso. La musicalidad en el Lindy Hop pasa por escuchar cientos de canciones.

Finalmente, tu cuerpo y tu mente crearán una imagen de la canción. Una imagen construida con tu repertorio de baile y tu capacidad para ejecutarlo.

Expresión personal

Cada bailarín entiende la música de manera única. Una vez que has desmenuzado la música y comprendido sus diferentes elementos, puedes decidir lo que pretendes transmitir a un nivel emocional. Para ello puede ayudar basarse principalmente en la letra (de haberla) porque es posible imaginar la historia y sentimientos del autor. Una letra triste no debería bailarse de manera cómica. Y una letra satírica o divertida requiere movimientos que potencien su narrativa.

Y lo mejor de todo es que lo que a ti te parezca interesante en la canción, será completamente diferente de lo que perciba otro bailarín (compara dos coreografías con la misma canción).

Aunque los tiempos y el esquema de movimientos sea el mismo, la forma en que acentúan o suavizan ciertas partes, el modo personal de introducir estilo o matices, es lo que hace que esas personas sean quienes son como bailarines. Recuerda que el estilo radica en ser uno mismo.

Piensa también en formas de variar tu interpretación de la canción. Quizás siempre te centres en la letra, pero existan elementos muy interesantes en los otros sonidos. Tal vez en lugar de hacer un movimiento para cada frase, prefieras hacer un movimiento lento y controlado acompañando a la letra.

Otra forma espléndida de desarrollar tu propia musicalidad en el Lindy Hop consiste en estudiar la ajena. Los mejores bailarines hacen gala de una musicalidad única y excepcional. Estudia cómo entienden e interpretan la música, y trata de incorporarlo a tu repertorio. Muchas competiciones de Lindy Hop, Balboa o Boogie están llenas de momentos creativos y curiosos. Es maravilloso mirar a los grandes bailarines y pensar «¡Jamás se me habría ocurrido!»

A medida que mejores tu musicalidad en el Lindy Hop o bailes afines, podrás trabajar en tu propio enfoque cuando improvises o coreografíes un baile, y convertirlo en algo propio. Con el tiempo, será una segunda naturaleza.

Junto a una buena ejecución, te permitirá demostrar claramente quién eres como bailarín.

Recuerda: sin comprender en profundidad la música, simplemente estarás encadenando movimientos. Hay una diferencia entre hacer pasos y bailar.

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